Aunque muchos piensen que Lady gaga es una
loca excéntrica que se hizo millonaria a costa de vender una imagen alocada y
un poco sin sentido para muchos.
Desde que escuche la primera canción que
considero todos escuchamos de ella, Just Dance, sentí que no era una artista más
que llegaba al mercado a solo vender discos. Sentí una afinidad especial por su
voz y por su manera de vestir que en ese momento no era tan extraña, como lo es
ahora. Poco tiempo después fueron llegando a mi canciones como Poker Face, Eh
eh eh (Nothing Else I Can say), Teeth y Paper Gansta de su álbum debut, The
Fame, en donde fui encontrando una cantidad de sonidos, letras y melodías que
solo podían ser dignos de un genio. Comencé a escudriñar sobre su vida, como
suelo hacer con todos los artista que se van convirtiendo en favoritos, leí
sobre su niñez y en la forma tan prodigiosa como a sus 4 años toca piezas clásicas
como si fuese una experta, en lo sufrida que fue su adolescencia, entre eso que
fue víctima de bullying, lo que comúnmente conocemos como acoso escolar, por su
apariencia física, y en lo difícil que fue para ella comenzar su carrera,
entonces comencé a entender que más que amar su música, la admiraba.
Luego llego The Fame Monter, su segundo
álbum con el sencillo Bad Romance, y otros monstros de canciones que hacían de
este un disco perfecto. Con Born This Way su tercer disco sabía que habría Gaga
para rato, cada disco es mejor que el anterior, siempre muestra una propuesta
diferente, además de imponer estilo y polémica.
Hace poco tuve la gran oportunidad de
asistir al concierto realizado en el Estadio Nemesio Camacho El Campin, como
parte de su gira mundial “The born This Way Ball”, donde mostró una puesta en
escena nunca antes vista en el país. El escenario se componía de un castillo al
estilo gótico, con pasadizos, escaleras, rejas, ventas y un juego de luces
impresionantes, a un costado había un diamante con la imagen computarizada de
una de las cabezas monstrosas de su video “Born This way” que daba comienzo al
concierto, también había una pasarela que se extendía a los lados de la tarima
y luego se unían en el centro y permitían a la artista recorrer todo el escenario. Cuando salió a escena yo no sabía
si gritar, quedar ahí quieta observando o empezar a cantar, nunca me imagine
que iba a tener a una de mis artistas favoritas a pocos metros de mí. Mi voz
surgiendo y los gritos también toda la gente en ese momento quedo en shock y
luego sale esa voz de una verdadera Mother Monster, como se hace llamar.
Canción tras canción era un estilo
diferente, un vestido mas alocado que el anterior, un baile más impresionante
que el otro que hacían que toda esa audiencia no dejara de estremecerse, gritar
y emocionar. Cada que ella gritaba el nombre de nuestro país creo que la
mayoría o por lo menos a mi nos hacia poner los pies en la tierra y darnos
cuenta de que la teníamos ahí al frente. Al finalizar el concierto, la
audiencia quedo antojada de más Lady Gaga, gritábamos que saliera y sin
esperarlo salió a cantar 2 canciones más con solo piano.
Fue una experiencia única y sé que esta
clase de espectáculos se dan muy pocas veces en nuestro país, y cuando salí del
estadio lo único que podía pensar era que si ya la amaba y admiraba, ahora iba
ser con mucha fuerza.
No solo la voz hace un artista, todo lo que
hay detrás importa. También me di cuenta que es increíble como con tu forma de
pensar y actuar mueves a millones de personas, y eso tiene Lady Gaga un poder
inimaginable que mueve masas, y reconozcamos que aunque sea loca, excéntrica, y
como muchos dicen hasta demoniaca, todos dentro de nosotros quiéranos ser como
ella,
Y ahora puedo decir que soy una “Little
Monster”.